lunes, 22 de julio de 2013

Start me up, lunes.

...Before you accuse me take a look of yourself...


Cuando sonó Eric Clapton por los altavoces del móvil ya llevaba un rato mirando fijamente al techo. Desde que nació su primer hijo había cambiado tanto sus hábitos de sueño que finalmente su reloj biológico adelantaba unos minutos al reloj del móvil. Cada mañana, esos minutos de soledad que precedían a la vorágine de un nuevo día los aprovechaba para pensar con calma urgente. Posiblemente era el mejor momento del día para reflexionar sobre lo humano y lo divino.

Al segundo aviso del despertador se levantó de la cama. Con el aplomo de quien se siente superior, fue al espejo y sonrió de medio lado perdonando la vida a su reflejo. Encendió la radio y Rosendo pedía posar para ti.  Automáticamente pensó cuán cierto es que para saber si una canción es un buen rock sólo tienes que preguntarte si tu cabeza está golpeando rítmicamente adelante y atrás.

El Rock, con mayúsculas había sido y era la solución habitual a sus problemas. Le había facilitado un disfraz de seguridad, casi soberbia que le hacía encarar la vida con entereza y audacia. El Rock es la música del corazón, se dijo en silencio como casi cada mañana. Desde antes de nacer ya escuchamos los latidos del corazón al ritmo de un rocanrol implacable. Bendito vientre materno, pensó, antes de abrochar el último botón de la camisa blanca y destapar el pintalabios rojo vino.


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