Jamás el miedo encerró entre besos la crueldad del silencio, la compañía de la soledad. Sentir cómo te hiela la sangre el sonido de una sola palabra, más que nunca saborear el gris oscuro de la derrota. Cerrar los ojos y abrir la mente a un nuevo mundo que se te presenta donde la más mísera derrota es saberse olvidado.
Y en una oscura esquina del mundo terminará esta triste historia. Mientras esperaré. Que tengas muy dulces sueños, mi pequeño arlequín.
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