Mostrando entradas con la etiqueta valen más que mil palabras. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta valen más que mil palabras. Mostrar todas las entradas

lunes, 7 de abril de 2014

Visitación

Algo grave debe haber ocurrido para que doña Visitación, Visi en sus círculos de confianza, no estuviera a las ocho de la mañana en su puesto de guardia de San Vicente de Paul. Sentada en uno de los veladores de Casa Diego controlaba casi a diario una de las arterias principales de su Triana: la parroquia, la ronda y Santa Cecilia.


No es que doña Visitación disfrutara siendo anunciadora de malas noticias, pero sentía la imperiosa necesidad de tener la primicia y divulgarla antes que nadie. Así que cuando empezó a escuchar rumores y chivatazos acerca del terrible accidente de su amiga Concha, se puso en marcha para que no le pisaran la exclusiva. A los pocos minutos ya estaba descolgando el teléfono y marcando el número de su viejo vecino:

- ¡Ay Amancio! ¡Qué disgusto más grande...!

miércoles, 12 de marzo de 2014

Ü


Podría echar el día entero mirando este gif y no me sentiría mal. Sentarme mal a lo mejor, pero sentirme me sentiría genial.

PD: El gif no es mío, lo he visto en www.vistoenlasredes.com, pero es que no sé citarlo de otra manera.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Folie a deux.

Él solito se daba cuenta de que no era tan productivo como antes. Le  molestaba enormemente porque así fallaba en su continuo intento de disfrutar haciendo cosas, por pequeñas, insignificantes y estúpidas que fueran, tal y como se había propuesto cada primer día del año. A ratos pensaba que todo tenía su lado positivo, y es que no hacer nada le dejaba mucho tiempo para ver lo que hacían los demás. Y entonces se sentaba a observar a la gente que pasaba absorto en sus idiosincrásicas interpretaciones del mundo real.

Una mañana se sorprendió buscando en las caras extrañas del maldito autobús que le secuestraba en las frías mañanas de invierno. La chica del gorro de lana, atrapada por unos auriculares gigantes agachaba la cabeza como si fuera a comerse la libreta en la que garrapatea extraños galimatías mientras piensa que podría haber hecho los deberes ayer por la noche y estaría ahora disfrutando de su dosis matinal de Aerosmith. El abuelo inmóvil que no cedía ni un centímetro para que no se le desencajara la argamasa de abrigo, boina y bufanda que protege su delicada salud se arrugaba preocupado porque va al consultorio y como cada mes de diciembre se teme que si coge un mal catarro se pasará las fiestas ingresado y sin poder disfrutar las vacaciones de sus nietos. La fashion victim que no pega nada en un autobús de pueblo creería que las gafas de sol la protegen de que alguien conocido la vea y piense que es una fracasada, y todo porque tiene el coupé en el taller, que si no iba a compartir vehículo con todos estos gañanes...


Así llegó con la media sonrisa a la estación de autobuses, algo así como una puerta entre el cielo y el infierno que pone en contacto el mundo rural periférico con la vida de la más histriónica de las capitales de provincia. Puso un pie en la salida y se cruzó con un montón de inmigrantes que traían la misma cara de dormidos que llevaba él, una pareja de la Policía Nacional que imaginaba en su descarrilado pensamiento como una especie de maestros fisonomistas y un sinfín de gente áspera y maleducada que le arrollaría si no se apartaba de su camino. Y al salir, el mayor contraste. En las escaleras a la calle proliferaba un nuevo gremio de prostitutos homosexuales que ofrecían sus servicios a señores de avanzada edad, que por cuatro perras satisfarían sus más bajos impulsos en los mismos cuartos de baño de la estación.

Y de pronto un rayo de luz entre la miseria: advirtió que en las escaleras es también donde se encontraba el germen del amor. Absortas en sus quehaceres románticos, las parejitas, sin ser conscientes de la cantidad de perversión y vicio que les rodea, son como un foco de luz en la zona cero que indica que seguía existiendo la belleza. 

Como si el mundo no se rigera por las mismas normas cuando de dos amantes adolescentes se trata, se comportan de forma extraña: son fogosos de ocho a ocho, comparten un cigarro por gusto de posar sus labios donde el otro, el tiempo juega a su favor por el simple hecho de tener a su chica en las rodillas o a su chico bajo las pantorrillas. Y pensando en esta cosas, cayó en la cuenta de que este fenómeno ya estaba descrito en la literatura psiquiátrica, pero le pareció un buen punto de partida para empezar a escribir un relato que llamaría folie a deux.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Atardece el verano




Quedan apenas unos días para que a algunos se les acabe el verano. A otros nos durará varios meses más, hasta junio aproximadamente.

domingo, 30 de diciembre de 2012

jueves, 25 de febrero de 2010

con un poco de azúcar...

Hoy he desayunado en la misma cafetería de mis tiempos de estudiante y los tíos siguen manteniendo el mismo dibujo en los sobrecitos de azúcar. Pero como ahora el cafelito lo tomo con sacarina, me he traido el sobre de recuerdo :)

Eso sí, el café sigue estando igual de bueno.

martes, 23 de febrero de 2010

allí, el más allá; aquí, el más acá

Ésta que veis aquí es la entrada al Cementerio de disidentes de la religión católica. En Sevilla, terreno fértil para el contacto entre culturas y creencias, no podía faltar un lugar para las minorías religiosas encajado dentro del primer cementerio público de la ciudad. Pero se les enterraba aparte, eso sí, no fueran a mezclarse en las puertas del cielo los infieles y los católicos románicos apostólicos.

jueves, 18 de febrero de 2010

el paciente de la 119

 
El pequeño Bernie nunca superó que Angie le abandonara
por un mocoso en tirantas que apestaba a tabaco robado.

Horario de visitas: de 16 a 18.
Que alguien le lleve piruletas y le haga más llevadero el internamiento.