Se lo jugó todo a una sola carta. La sonrisa socarrona que
se escondía entre los dientes de ella no le asustó, ni siquiera le hizo dudar de
su suerte. Debería haberlo hecho y lo sabría después, pero demasiado tarde. Tan
lento, insidioso y tenaz fue su declive que el resto de su vida maldeciría esa
Reina de Corazones.
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