viernes, 30 de agosto de 2013

Tú y Él.

Anoche volvió a verte. Fueron sólo unos segundos antes de despertar, pero te vio. Se despertó embobado, recordando tu belleza exótica a lo Uma Thurman y la ternura que Natalie Portman podría envidiarte.

En diez años apenas te ha visto. Sólo una vez habéis vuelto a hablar, os cruzasteis por casualidad, le invitaste a un café y volvió a ser el torpe que estropeó lo que debió haber sido una inolvidable primera vez. No se atrevió. Le volvió a dar miedo que te molestara. O que le rechazaras.

Así de fácil: un breve recuerdo le devolvió  el interés por su juego favorito. En el bus, desde la ventana o simplemente paseando, disfruta escudriñando el gentío con la ilusión de encontrarte distraída. Te  habrá visto en dos o tres ocasiones mágicas, pero sigue siendo el mismo torpe que estropeó la primera vez, así que siempre te deja marchar, sin atreverse a hablarte. Y mucho menos besarte. Mataría por saber si tú también te acuerdas cada día.

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