En diez
años apenas te ha visto. Sólo una vez habéis vuelto a hablar, os cruzasteis por
casualidad, le invitaste a un café y volvió a ser el torpe que estropeó lo que
debió haber sido una inolvidable primera vez. No se atrevió. Le volvió a dar
miedo que te molestara. O que le rechazaras.
Así de fácil: un
breve recuerdo le devolvió el interés por su juego favorito. En el bus, desde
la ventana o simplemente paseando, disfruta escudriñando el gentío con la ilusión de
encontrarte distraída. Te habrá visto en dos o tres ocasiones mágicas, pero sigue siendo
el mismo torpe que estropeó la primera vez, así que siempre te deja marchar, sin atreverse a
hablarte. Y mucho menos besarte. Mataría por saber si tú también te
acuerdas cada día.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
¿Algo que decir?